martes, 11 de junio de 2013

Le temen a Uribe, porque no hay un venezolano a quien temerle


El anuncio de que han sido detenidos paramilitares que venían a matar a El Ilegítimo, enviados por el expresidente Álvaro Uribe, demuestra dos cosas:
1.- Que el gobierno no es creativo. Y no lo es, por mediocre. Repetir el mismo montaje de magnicidio por paramilitares significa que los funcionarios son de cerebro estítico. Cambien el disco para divertir, por lo menos. Ya eso hiede. Y por ello nadie les cree.
2.- Que el gobierno no le teme a la oposición interna. De allí que su “coco” sea Uribe, por demócrata y por vergatario (venezolanismo que se usa para referirse a la persona que se destaca o sobresale sobre todo por su valor o fuerza).
El “coco” de la dictadura pérezjimenista era Rómulo Betancourt. Siempre había un cuento en contra suya indicativo del temor a lo que pudiera hacer: que había entrado por aquí o por allá a Venezuela, que había mandado a matar al dictador, que era un malvado enemigo de la patria, que andaba disfrazado cazando la oportunidad de consumar el asesinato, que era un golpista fomentador de alzamientos militares, que estaba entendido con Costa Rica para invadir el territorio nacional, que estaba armando un batallón afuera (la Legión del Caribe), etc. etc.
Cada cuento lo que hacía era elevar la figura de Betancourt, fortaleciendo la moral de los militantes en la resistencia clandestina. Nada eleva más la moral que saber que al líder le teme el adversario, porque reafirma la confianza en su liderazgo para derrocar la dictadura.
Por lo visto no hay en la oposición venezolana un político al cual la tiranía comunista le tema. Ninguno que merezca ser satanizado como lo fue Betancourt. Nos avergüenza como venezolanos que la tiranía comunista le tema es a un colombiano. Es verdad que Álvaro Uribe ha demostrado ser un palo de hombre y un gran amigo de los demócratas venezolanos, a pesar de que algunos no se lo agradezcan, pero resulta vergonzoso que no tengamos todavía un líder al cual le tema la tiranía comunista, a tal grado que le atribuya todas las conspiraciones para derrocarla. Es triste y dolorosa verdad que no haya un venezolano que supla la ausencia de Betancourt y sustituya a Uribe en la demonología del comunismo.
Desde luego, se comprende que sea así, porque después de ser víctima de un fraude descarado y masivo, la oposición ya está en campaña para las municipales. Están amaestrados y de allí que no sean temidos.
Hay un espacio vacío en la política venezolana. El del líder merecedor de la frase:  A ESTE HOMBRE SE LE TEME. Y que efectivamente sea temido por la tiranía comunista para así levantar la moral de lucha de la resistencia.
REFLEXIONES 7

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