lunes, 11 de marzo de 2013

El gobiernito títere de Cuba nace tarado



Liberación Nacional y No-Reelección (18)


Murió El Tirano pero, ratificando su sometimiento a la monarquía comunista cubana, deja un legado infame: un gobiernito títere de Cuba que nace tarado.

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Primera tara: la voluntad monárquica de El Tirano.

Así como la monarquía comunista cubana resolvió la sucesión de Fidel Castro, mediante la imposición de su voluntad, también El Tirano, enterado de su fin próximo, hizo un paréntesis en su ausencia del país para imponer a Nicolás Maduro, violando flagrantemente el Art. 67 de la Constitución: “los candidatos a cargos de elección popular serán seleccionados en elecciones internas con participación de sus integrantes.” No hubo asamblea o convención. Ni siquiera deliberación de la directiva. Simplemente El Tirano impuso su voluntad monárquica.

Segunda tara: la imposición de Cuba (violación Art. 1 Const. “Venezuela es irrevocablemente libre e independiente..”).

Fue la monarquía comunista cubana la que escogió a Maduro. Ya había probado su servilismo. Todo el mundo se sorprendió por su nombramiento de Ministro de Relaciones Exteriores porque carecía de credenciales para el cargo. No le hacía falta: la política internacional de Venezuela es dirigida por Cuba, siendo Maduro apenas su vocero. Un hombre así, que se ha prestado a eso, es el adecuado para que Cuba siga mandando en Venezuela hasta lograr la fusión en la Confederación Vene-Cuba, el sueño de Fidel.

Tercera tara: el secreto cubano de la enfermedad (fraude constitucional).

Los venezolanos nunca supimos cuál era la enfermedad de El Tirano. Ni sabemos de qué murió. Es un secreto cubano, no compartido con sus súbditos de la colonia, cuya obligación era autorizar la salida del país cuantas veces se antojase sin derecho a preguntar. Así los cubanos pudieron arreglar la sucesión, sin participación de los venezolanos, que se limitaron a cumplir sus órdenes.

Cuarta tara: el período de prueba (fraude constitucional).

Aún con sus antecedentes de servilismo a Cuba, la monarquía comunista cubana sometió a Maduro a un período de prueba. No hubo, por este motivo, declaración de falta temporal antes del 10 de enero, ni de falta absoluta desde esta fecha. Su prueba de fuego fue el fraude constitucional en su máxima expresión: simular que el moribundo, después difunto, seguía gobernando y le daba órdenes, le agarraba la mano y firmaba documentos, cuando en verdad el que gobernaba era Raúl Castro. Al resultar aprobado con máxima calificación, se anunció la muerte del que había fallecido hacía tiempo.

La quinta tara: la sucesión inconstitucional.

El plan cubano era montar la farsa del juramento. Intentaron hacerlo a puertas cerradas. Sólo así podía prestar juramento un moribundo o ya difunto. Y logrado ésto, copiar de nuevo su firma para designar en propiedad Vicepresidente a Maduro. No pudieron. Entonces inventaron que Maduro sea presidente encargado a lo mero macho, pasando por encima de la Constitución, en virtud de la cual la situación se retrotrae al 10 de enero porque nunca hubo juramento.  Aplicando un viejo proverbio entre abogados, podemos decir: esa marramucia es derecho cubano. Cualquiera que lo interprete así es abogado cubano. Tribunal que acoja esta tesis es, sin duda, un tribunal cubano.

Tenemos, pues, como herencia del difunto: un gobiernito títere de Cuba, con una tara de inconstitucionalidad flagrante, un fraude constitucional agravado y continuado y sobre todo con una tara moral insalvable, la traición a la patria. Pero como no hay crimen perfecto a Maduro se le presenta otro obstáculo constitucional. La Constitución prevé la reelección del que ya es presidente, porque para ser reelecto hay que haber sido electo. El que no ha sido electo, no puede aspirar a la reelección porque no ejerce el cargo por elección. Este impedimento de inelegibilidad tiene su explicación: en Venezuela había sido eliminada la vicepresidencia por el riesgo de que su titular conspire contra el presidente para sucederlo, provocando incluso su muerte. Fue lo que malició Gómez de su hijo vicepresidente. Se comprende que El Tirano haya restablecido el cargo sometido a dos condiciones: libre nombramiento y remoción para sacarlo apenas tuviese sospechas e inelegibilidad para el período siguiente, a fin de cortarle las alas. En consecuencia, Maduro debe renunciar como presidente encargado para poder postularse a presidente titular, y entonces si fuere electo puede aspirar a ser reelecto.

Además, si no renuncia previamente Maduro está inhabilitado por ser militar activo, ya que la ley orgánica respectiva le confiere el grado máximo de Comandante en Jefe, con uso de uniforme e insignias. Imagínenlo vestido de gala militar. Sería el remate bufo de esta farsa.

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@petitdacosta

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