lunes, 7 de octubre de 2013

La enseñanza del 45: sólo la rebelión pone fin al continuismo



Liberación Nacional y No-Reelección (44)



En el siglo XIX los cambios políticos se producían con guerras civiles. Desde la creación de la FAN en el siglo XX sólo se dan con rebeliones cívico-militares, lo que sigue vigente en el siglo XXI. No hay otra vía para lograrlo. Y como no la hay aprendamos de las habidas hasta ahora.
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El 18 de octubre se cumplirán 68 años de la rebelión cívico-militar de 1.945, resultante de la alianza secreta entre militares profesionales y un partido político de oposición (AD) para derrocar al general Isaías Medina Angarita, electo sin fraude, quien no era colombiano ni comunista, y mucho menos títere de un gobierno extranjero. Ni colombiano, ni comunista, ni títere. De haberlo sido, no habría podido llegar a la presidencia. No lo habrían permitido los militares, tampoco la oposición, ni siquiera los partidarios del gobierno. Entonces había dignidad, vergüenza y sobre todo hombría.
¿ Porqué entonces si Medina no había hecho fraude y no era colombiano, ni comunista, ni títere de un país extranjero, fue derrocado? Porque representaba el “continuismo” del régimen iniciado por Cipriano Castro y continuado por Gómez y López Contreras, que reservaba el gobierno a los militares andinos y sus camarillas o cortes civiles. Militar y andino eran requisitos para ser presidentes. Como decir ahora: ser comunista, impuesto por Cuba y militante del PSUV. No había posibilidad para nadie más. Así se eternizaban en el gobierno los que venían disfrutándolo desde 1899 (siempre el 99) y, al mismo tiempo, constituían el generalato los “chopo e’ piedra”, los más brutos y serviles, como si dijéramos los últimos de la promoción. Tanto en el liderazgo político como en la jefatura militar había un tapón que impedía su renovación.
Entonces el liderazgo militar emergente, formado por jóvenes oficiales (de mayores para abajo) que completaron sus estudios en el extranjero (p. ej. Delgado en Francia y Pérez en Perú), decidió asumir el mando para desplazar a los generalotes ignorantes y palurdos, además de corruptos (los retrató Gallegos en “Doña Bárbara” con la figura de Ño Pernalete). Pero sólo se puede asumir el mando militar si se toma el poder político, en virtud de la relación jerárquica en el sistema presidencial. Entonces tomaron la iniciativa de invitar a los dirigentes del partido de oposición.
En el 45 la rebelión la planearon los militares jóvenes (que ahora llaman “comacates”). No los civiles, que fueron contactados por los militares valiéndose de un intermediario de confianza. Los políticos entendieron perfectamente que, cuando no hay salida electoral (que no la había entonces por la elección indirecta o de segundo grado), sólo queda un camino: la rebelión, no simplemente militar porque sería un golpe para instaurar una tiranía, sino cívico-militar para hacer el cambio político a un nuevo régimen asentado en la renovación del liderazgo político y militar.  Y por este motivo aceptaron la invitación de los militares, lo que motivó la constitución de un gobierno provisional cívico-militar, que explicó de este modo sus objetivos: ”Este Gobierno provisional tendrá como misión inmediata la de convocar el país a elecciones generales,  para que con el sistema de sufragio directo, universal y secreto, puedan los venezolanos elegir a sus representantes, darse la Constitución que anhelan y escoger el futuro Presidente de la República.”
Esta primera rebelión de militares profesionales y políticos civiles trazó la pauta para las siguientes: gobierno cívico-militar que dura hasta la realización de elecciones limpias, pulcras y transparentes, mediante las cuales se elige una Constituyente o un Congreso-Constituyente que aprueba una nueva Constitución, la cual le da base jurídica a la nueva etapa histórica. Este propósito sincero de democratizar el país fue confirmado con la prohibición que se hicieron los miembros de la Junta Revolucionaria de Gobierno, por decreto-ley, de postularse para la presidencia en la elección siguiente y con la ratificación de la no-reelección de los presidentes.
Del 45 nos queda la enseñanza de que sólo mediante una rebelión cívico-militar se le puede poner fin al “continuismo”, ya que éste genera una camarilla pétrea que no admite su desplazamiento del poder por vía electoral. Los hechos lo demostraron. Con la rebelión el pasado quedó enterrado. Surgieron líderes y partidos que hicieron el cambio político, siendo ellos mismos el cambio, hasta que también agotaron su vigencia muchos años después. 
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Lectura recomendada de la semana: EL IMPERIO DE FIDEL, por el Gral. Carlos Peñaloza.

1 comentario:

  1. Parece que la madera o el ADN de esos que formaron la revolución del 45 era otra , de otra calidad y no estos mequetrefe que tenemos actualmente , los militares parece tiene pantaletas y los civiles se dejan comprar por unos billetes o un cargo ,Asi que seremos las mujeres las que tumbemos este de gobierno y el proximo presidente será una mujer, lo pueden escribir

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