martes, 1 de octubre de 2013

Sin botín y en la pecera, así los queremos


Liberación Nacional y No-Corrupción (43)



No son únicamente ladrones. Son además traidores a la patria. Triplemente traidores (Cuba-FARC-Esequibo). No basta entonces con quitarles el botín. Hay que castigar con severidad a los “peces gordos” o grandes traidores, convirtiendo la prisión en la pecera donde se los exhiba para que no se vuelva a repetir la humillación que estamos sufriendo los venezolanos.

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Ya expliqué que, apenas tomado el poder, habrá que instaurar la “contraloría social recompensada.” Consiste en poner a, por lo menos, veinte millones de venezolanos a cazar corruptos, a los cuales se unirán miles de extranjeros organizados en agencias detectivescas. Su misión será suministrar información sobre las propiedades de los corruptos: inmuebles, muebles, cuentas bancarias, títulos de crédito, donde quiera se encuentren. Recibirán a cambio la mitad de los bienes incautados, que pasarán a su patrimonio, siguiendo un procedimiento semejante al aplicado en el caso del narcotráfico, porque los bienes que provienen de la corrupción son una de las formas del lavado de dinero.

Pero estos comunistas no son iguales a los corruptos de antes, que eran simplemente corruptos. Estos son además traidores a la patria. Triplemente traidores. Traidores porque han vendido Venezuela a Cuba, renunciando a la soberanía. Cuba gobierna a Venezuela. La mayor afrenta que se nos ha podido inferir a los venezolanos. Hemos sido humillados ante el mundo entero. Sufrimos esta vergüenza que nos lacera el alma. Pero no les ha bastado. Son además traidores porque le entregaron las fronteras del oeste a las FARC. El difunto reconoció públicamente la traición cuando dijo: Venezuela limita con las FARC, no con Colombia. Lo dijo ante la Asamblea Nacional, en cadena de radio-tv. Venezuela limita con las FARC de la frontera con Colombia para acá, no de la frontera con Colombia para allá. Las FARC ocupan territorio venezolano. Ahora en mejores condiciones. Pero no se han detenido aquí. Han renunciado al Esequibo, esa inmensa porción del territorio nacional cuya devolución veníamos reclamando a los que son herederos del invasor, el imperio británico. Definitivamente estos comunistas corruptos no tienen sangre venezolana. No la sienten. Lo suyo es billete. Por ello se obran en Venezuela.

El crimen de traición a la patria no puede quedarse sin castigo. Así que no bastará con que se les quite el botín que se han robado. Será necesario sancionar severamente el delito de traición. El retiro del sistema de derechos humanos lo facilitará. Ya no tendremos esta limitación. Ellos mismos nos han hecho el favor al denunciar la Convención Interamericana de Derechos Humanos. No les valdrá entonces implorar por el amparo al cual han renunciado con mala intención. Creen que van durar toda la vida como ha sucedido en Cuba.

Entonces la “Operación Limpieza” tendrá objetivo doble: dejar a los ladrones sin el botín y meterlos en la cárcel por traidores a la patria. Esto último se hará aplicando en Venezuela la metodología exitosa de la “Operación Manos Limpias” de Italia, que acabó con el sistema político existente hasta entonces. Es el mismo aplicado en Estados Unidos contra el narcotráfico y la mafia. Consiste en perdonar al delincuente menor a cambio del arrepentimiento, el cual se manifiesta objetivamente entregando las pruebas contra su superior. El arrepentido no es el que simplemente pide perdón, sino que se hace perdonar cumpliendo una penitencia: colaborar con la justicia en la obtención de las pruebas que sirvan para condenar a los de arriba, los grandes traidores. Así se salva de la cárcel, aunque pierde el botín.

El funcionario recibirá el perdón si facilita las pruebas contra su superior en una escala ascendente hasta llegar a los “peces gordos” o tiburones  vendepatria, los que han entregado el gobierno de Venezuela a Cuba, los culpables de la humillación que se nos ha hecho a los venezolanos, la mayor humillación que pueblo alguno haya sufrido en la historia. Ha sido por servir a Cuba que ellos han cedido la frontera oeste a las FARC y han renunciado al Esequibo en la frontera este.

La cárcel servirá de pecera para los “peces gordos”, los tiburones de la traición, a los cuales no podemos perdonar el mal que nos han hecho a los venezolanos.

martes, 3 de septiembre de 2013

La cacería de corruptos o contraloría social recompensada




Liberación Nacional y No-Reelección (41)



Hágase rico cazando corruptos será el lema de la contraloría social recompensada, con la cual daremos un vuelco a la lucha contra la corrupción

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En doscientos años de vida republicana el discurso moralista no ha servido de nada contra la corrupción. Tenemos dos siglos de deshonestidad político-administrativa. Ha sido una constante de nuestra historia, aún en los casos excepcionales de presidentes honestos cuyos gobiernos fueron desprestigiados por funcionarios corruptos de su mayor confianza. Faltaba lo que estamos viendo. Para celebrar, como es debido, el bicentenario de la corrupción republicana está en el poder desde hace catorce años una banda de ladrones que, con el mayor descaro y cinismo, viene consumando el más grande saqueo al patrimonio público, enriqueciéndose en cantidades inimaginables, de las cuales hacen alarde ante nacionales y extranjeros sorprendidos de la magnitud del robo.

El discurso moralista no ha prendido porque estamos en una sociedad hedonista, basada en el afán de lucro. Salvo escasas y honrosas excepciones se busca el poder político para enriquecerse. El que tiene poder político y no se enriquece pasa a la categoría de “pendejo”, no de figura respetable y venerable. El que se enriquece usando el poder político pasa a la categoría de “vivo”, festejado por admiradores que envidian su suerte. Los “vivos” siguen siéndolo después de perdido el poder, ya que por una ley no escrita los corruptos del gobierno anterior y los del gobierno siguiente, forman parte de la misma sociedad de cómplices como llamó a la venezolana un político liberal del siglo XIX. Pero incluso esa sociedad de cómplices tuvo muros de contención moral. Todos fueron dinamitados por el difunto, el peor y más nefasto asaltante del poder, que autorizó así el saqueo sin medida ni límite de la República. Desde entonces se viene efectuando una especie de continuo e interminable “caracazo” contra el patrimonio público, donde el que entra al gobierno sale, no con media res en el hombro sino con media hacienda pública en el bolsillo, quedando el “tírame algo” para los rateros, que los hay también en este desvergonzado robo a manos llenas.

El “caracazo” de corrupción que estamos padeciendo desde hace 14 años exige una respuesta eficaz y contundente, porque de lo contrario la sociedad venezolana jamás se recuperará de la infección de inmoralidad que se le ha transmitido desde el régimen. La corrupción es una enfermedad infecto-contagiosa de las peores y más difíciles de combatir. En este caso ya tiene manifestaciones purulentas. Hace pus, evidenciando que se ha extendido por la sociedad como una septicemia. Su cura requiere de un tratamiento enérgico. El antibiótico más poderoso para combatirla es usar cepas de la misma bacteria que la causó: el afán de lucro. Así como las bacterias que sirven de anticuerpos van destruyendo a las causantes de la enfermedad, así también nos proponemos usar el afán de lucro contra la corrupción. Es lo que llamo “cacería de corruptos.” Consiste en premiar con la mitad del botín recuperado del ladrón al que suministre la información cierta que permita la incautación. El que diga donde está el botín, tiene derecho a que se le recompense con la mitad cuando se le ponga la mano.

El primer objetivo es sentar un escarmiento, haciendo justicia. Y la mejor justicia contra un ladrón es despojarlo del botín. Como estos han sido los más grandes ladrones que han pasado por el gobierno de la República, debemos organizar su cacería como un safari, que llamaremos elegantemente “contraloría social recompensada”, en la cual haremos que participe todo el pueblo. Indudablemente que habrá piezas de caza mayor, que son los señorones de la revolución, de cuyo rastro se encargarán los expertos con sabuesos amaestrados para detectar cuentas cifradas, comisiones de deuda pública, manipulación cambiaria y cuanta mascada gruesa esté rodando por ahí. Pero no serán ellos los únicos, porque en este safari “de mosquito para arriba todo es cacería.” A todo el que se mueve con un fajo de billetes malhabidos hay que apuntarle.

El segundo objetivo es reducir la corrupción a su mínima expresión en el futuro gobierno. El que vaya a robar deberá tener presente que por cada corrupto, hay mil mirones o contralores. Y cada mirón lo está cazando, a ver si se roba algo para dar la información y recibir la recompensa. Entonces la “contraloría social recompensada” tendrá un efecto disuasivo en la conducta de los funcionarios públicos. En este caso funcionará, no como antibiótico para combatir la septicemia de inmoralidad que nos ha infectado este régimen, sino como vacuna para prevenirla. Para que no haya una recaída.