miércoles, 6 de mayo de 2020

INVADIR CON UN EJÉRCITO EXPEDICIONARIO ES TRADICIÓN LIBERTADORA EN VENEZUELA


2.- En el supuesto negado por él que el PRESIDENTE LEGÍTIMO haya contratado la organización de un Ejército Expedicionario para LIBERAR A VENEZUELA puede alegar en su favor, política y jurídicamente, estos precedentes entre otros: 1) La invasión por vía marítima del Generalísimo Miranda en 1806 para LIBERTAR A VENEZUELA de la tiranía, con un Ejército Expedicionario reclutado y armado en Estados Unidos. Desembarcó en La Vela de Coro. 2) La invasión por vía terrestre del Libertador Bolívar en 1813 para LIBERTAR A VENEZUELA de la tiranía, con un Ejército Expedicionario reclutado y armado en la Nueva Granada, con el cual hizo la Campaña Admirable. 3) La invasión por vía marítima del Libertador Bolívar en 1816 para LIBERTAR A VENEZUELA de la tiranía, con un Ejército Expedicionario reclutado y armado en Haití, con la ayuda del Presidente Petión. 4) La invasión por vía marítima de Falcón y Zamora para LIBERTAR A VENEZUELA  de la tiranía con un ejército expedicionario reclutado y armado en las Antillas, que inicia la Guerra Federal. Desembarcó en la antigua Provincia de Coro; 5) La invasión por vía marítima de Guzmán Blanco en 1870 con un ejército expedicionario reclutado y armado en las Antillas para LIBERTAR A VENEZUELA de la tiranía, el cual desembarcó en la playa de Curamichate, antigua Provincia de Coro, dando inicio a la Revolución Amarilla o de Abril; 6) La invasión por vía terrestre de Cipriano Castro desde Colombia en 1899, con un Ejército Expedicionario reclutado y armado para LIBERTAR A VENEZUELA de la tiranía; 7) La expedición del Falke organizada por el general Delgado Chalbaud para LIBERTAR A VENEZUELA de la tiranía entrando por Cumaná en 1929; y, 8) La invasión de Gustavo Machado y Rafael Simón Urbina desde Curazao con un grupo reclutado y armado para LIBERTAR A VENEZUELA de la tiranía, desembarcando en La Vela de Coro en 1929.

Hay, pues, una tradición de organizar y dotar afuera un ejército expedicionario con el cual invadir a Venezuela para libertarla de la tiranía. Y ello se justifica cuando la fuerza armada nacional está al servicio de la tiranía. Y aún más, cuando es la tiranía misma. Si Guaidó intenta en verdad seguir esta tradición libertadora inscribirá su nombre en esta tradición honrosa.

Jesús Antonio Petit Da Costa


ENCARGADURÍA 24                           06-05-20


           




ORGANIZAR UN EJÉRCITO EXPEDICIONARIO PARA LIBERAR A VENEZUELA ES UN DEBER


Una vez más repito que no soy amigo de Guaidó. Ni siquiera lo conozco. Y advierto que lo he criticado por considerar que no ha actuado bien como Encargado de la Presidencia de la República desde el 10 de enero 2019. Y no lo ha hecho bien por subordinarse al jefe de su partido VP, lo que nunca debe hacer el que ejerza la Jefatura de Estado lo cual reconocieron los partidos durante los 40 años de democracia liberando de disciplina partidista al titular del cargo que lo ejercía a plenitud. Y también por no haber hecho lo que procedía constitucionalmente: separar, desde su asunción, el cargo ejecutivo Jefe de Estado del legislativo Presidente de la AN tal como lo ha hecho la  Dra. Áñez en Bolivia. Y al no hacerlo se subordinó a los jefes de la MUD exponiéndose a que sucediera lo que ha sucedido: el reparto de cuotas y prebendas entre los partidos que forman el G4, en los cuales predomina el ansia de dinero sobre la vocación de servicio al país.

Hago la aclaratoria para evitar los equívocos en lo que voy a decir en los comentarios siguientes.

1.- Que el Presidente Legítimo de la República contrate la organización y entrenamiento de un ejército expedicionario que tenga por misión LIBERAR A VENEZUELA comenzando por derrocar al usurpador del cargo para que él pueda asumirlo efectivamente como titular, no constituye delito ni falta. Por el contrario, al hacerlo está cumpliendo el deber que le impone la Constitución en el Art. 333 de restablecer su vigencia efectiva por cualquier medio, porque el precepto constitucional no establece modo ni condición alguna.

Jesús Antonio Petit Da Costa


ENCARGADURÍA 23                        06-05-20


sábado, 2 de mayo de 2020

EL VIRUS NOS DEVUELVE LA JUVENTUD PARA RECONSTRUIR Y REFUNDAR A VENEZUELA



He venido hablando del Gobierno de Transición. Regreso al punto de partida: ¿Cómo llegar a la transición? Desde luego, saliendo de Maduro: CESE DE LA USURPACIÓN. Y porqué no hemos salido de Maduro poniendo fin a la usurpación teniendo a nuestro favor todas las condiciones objetivas y subjetivas? Respuesta: por una estrategia equivocada. Cuál? Esperar que Estados Unidos nos haga espontáneamente el favor de intervenir militarmente, en lugar de rebelarnos nosotros provocando así la intervención militar extranjera al ver que no podemos solos. Recuerden la frase: NO PODEMOS SOLOS. Pues, debemos intentarlo para probar que efectivamente no podemos solos. Diciendo lo mismo, Miranda y Bolívar pidieron primero ayuda para intentarlo por nuestra cuenta sin la intervención extranjera.
Ahora para intentarlo tenemos dos problemas. El primero, no hay un partido o movimiento político que se haya organizado para la insurreción popular que concluya en una rebelión cívico-militar. Esto los diferencia de los partidos de los 50 que se organizaron clandestinamente para derrocar a la tiranía anterior. El segundo, Guaidó no tiene liderazgo para dirigir la rebelión. Si la convoca pocos le creerán porque ha dado muchos vaivenes. A Guaidó le espera el papel del Licenciado Madero en la Revolución Mexicana: ser el portaestandarte usado para legitimar la rebelión hasta la elección del primer presidente de la nueva etapa. A Madero se le recuerda con respeto porque cumplió su papel reconociendo que el poder residía en los jefes de la rebelión.
¿Cómo obviamos estos dos problemas? Recuperando el tiempo perdido, si aprovechamos las circunstancias sobrevenidas. Veamos hoy sólo la primera. Las rebeliones las hacen los jóvenes, no los viejos. Miranda y Bolívar eran unos muchachos cuando se rebelaron. Y también lo eran todos los líderes posteriores que se rebelaron contra las tiranías: por ejemplo, las generaciones del 28 y del 58, a ésta última me honro en pertenecer. Los jóvenes son los actores de las rebeliones porque son los únicos dispuestos a jugarse la vida por un ideal y su futuro. Es una ironía del destino que los jóvenes no temen a la muerte cuando tienen una vida por delante y, en cambio, los viejos la cuidamos celosamente cuando nos falta poco para la tumba. Lo demostraron los jóvenes inmolados en 2014 y 2017, con los cuales tenemos una deuda de gratitud que debemos honrar cuando lleguemos a la transición.
Ya que los jóvenes son los actores de las rebeliones contra las tiranías, aprovechemos la circunstancia favorable del corona virus para su conversión en rebeldes contra Maduro para derrocarlo. Recuerdan el proverbio: no hay mal que por bien no venga. El coronavirus es un mal para quienes tenían por estrategia la intervención militar de Estados Unidos, porque la impide o posterga. Pero es un bien para los que siempre creímos que sin rebelión nuestra no habría intervención militar extranjera en ayuda. ¿Porqué es un bien? Primero porque acaba con el éxodo de los jóvenes al extranjero. Antes del corona virus todos los jóvenes sólo pensaban en irse. Ninguno atendía razones para quedarse. Todos tenían mentalmente hechas sus maletas. El corona virus y la crisis económica mundial que genera los obliga a quedarse. A Maduro y la narcotiranía los favorecía el escapismo de los jóvenes. Ahora que los jóvenes se quedan obligados son unos descontentos que fácilmente podemos convertir en rebeldes contra la narcotiranía. No tienen otra opción. A ellos se sumarán los miles que vendrán de regreso. Tal vez por el coronavirus rescatemos a la juventud venezolana para la inmensa tarea de reconstruir y refundar la República, después de ponerle CESE A LA USURPACIÓN y fin a la narcotiranía títere de Cuba.   
A jóvenes menos preparados que ellos reclutó el comunismo para acabar con la democracia en donde pudo. Nos toca ahora a nosotros hacer lo contrario: la conversión de estos miles de jóvenes preparados de futuro truncado en los actores de la reconstrucción y refundación de Venezuela como puntera de la sociedad del conocimiento.
¿Cómo motivarlos y organizarlos? Les prometo la respuesta para la próxima.

Jesús Antonio Petit Da Costa


ENCARGADURÍA 22                         02-05-20




viernes, 1 de mayo de 2020

¿CONTRA QUIÉN SERÍA LA INSURRECCIÓN: CONTRA MADURO, CONTRA GUAIDÓ, O CONTRA LOS DOS?


Comenzaré con un relato que me sirve para explicar mi posición sobre el Gobierno de Transición.

El 12 de abril de 2002 por la mañana había una confusión sobre la situación jurídico-política planteada por la caída de Chávez. La versión predominante era que Chávez había renunciado. Y, en consecuencia, se estaba formando un gobierno para sucederlo. Era lo que se decía en todas partes y por todos los medios. Entonces yo, que he vivido desde niño las rebeliones cívico-militares y los golpes exclusivamente militares (1945-1948-1952-1958), decidí aprovechar una invitación de RCTV para dar mi opinión con fines de orientación a los que estaban asumiendo el poder. Dije que se debía aclarar si efectivamente se trataba de que Chávez había renunciado, en cuyo caso debía mostrarse la carta de renuncia porque la renuncia de un presidente se prueba con el escrito. Con el inconveniente de que, si existiese la renuncia, debería ser juramentado el Vice-Presidente Diosdado Cabello, a quien correspondía la sucesión constitucional. Porque el problema es que si se toma una vía jurídico-política hay que asumir sus consecuencias. Si hubo renuncia, se activa la sucesión constitucional.

Aconsejé olvidarse de la renuncia y optar por lo que después he llamado el CONTRAGOLPE CONSTITUCIONAL, fundamentándolo en el Art. 333 de la Constitución, la cual Chávez había violado con actos de fuerzas sucesivos, el último había sido la masacre de Puente Llaguno. Así, no habiendo renuncia, quedaría legitimada la insurrección por cumplir el deber constitucional de restablecer la vigencia de la Carta Magna. Observé desconcierto en el estudio de la televisora por ser el único que rompía con mis palabras el ambiente de alborozo por la renuncia. Más cuando agregué que  era  inexplicable que los insurrectos no habían tomado todos los medios de comunicación (tv-radio-prensa) para impedir que el enemigo los usara contra el nuevo gobierno. Y, por último, dije: si Chávez fue derrocado por el pueblo en la calle, porqué no se ha convocado al pueblo a la calle para respaldar al nuevo gobierno que ha tomado el poder y  porqué no se lo mantiene en la calle hasta tanto se estabilice?

Al regresar a casa mi esposa me recriminó haber roto con el festejo de la renuncia, que ella estaba celebrando con los vecinos. Apenas unos minutos después se presentó en mi hogar un amigo muy querido, militar retirado participante en las gestas del 58, angustiado por mis palabras porque todo se pudiera venir abajo. Me invitó a ir a Miraflores con él para exponer mi opinión. Yo me resistía diciendo: no voy adonde no me invitan. Se sumó mi esposa a la insistencia del amigo. Al fin, accedí.

En Miraflores conseguí a todos los políticos, pendientes del reparto de poder. A ninguno se le había ocurrido convocar al pueblo a la calle y desde allí influir decisivamente en los acontecimientos. A los que conseguía les preguntaba: donde está la renuncia de Chávez? Ustedes la vieron? Ninguno me respondía. Todos eludían. Sospeché entonces que los insurrectos habían tomado el camino equivocado. Conseguí al directivo de un gremio empresarial con quien tenía confianza y le pregunté: aquí en confianza, qué sabes de la renuncia de Chávez, tú la has visto, y qué de la remoción del Vice Cabello supuestamente hecha por Chávez antes de renunciar? Me contestó: sinceramente ni yo ni nadie de los que estamos aquí hemos visto ni la una ni la otra. Nadie sabe quién las tiene. Y te pido que no jurungues eso para que no se enrede la cosa. Llegué a la conclusión: la rebelión cívico-militar tiene un puñal en el pecho que se lo han clavado sus propios cabecillas. Eso me preocupó porque ví que la más bella insurrección de calle que había presenciado en mi vida iba camino al fracaso.

Estaba todavía en Miraflores cuando Carmona se juramentó ante sí mismo en medio de la euforia de todos los presentes. Entonces le dije a mi querido amigo, el militar retirado que me llevó a Miraflores: “Hazme el favor de regresarme a casa.” En el camino nos detuvimos y él me preguntó: “¿Qué opinas”. Mi respuesta: “el gobierno de Carmona no durará 48 horas.” Compungido repreguntó: “¿tan poco tiempo?” Le contesté: “48 horas, no más.” Me equivoqué en que sólo duró 24 horas.

Si no queremos que pase lo mismo cuando salgamos de Maduro, tenemos que resolver ante todo el problema de la legitimidad del nuevo gobierno. Esto no se exigía hasta 1958. Se le debe a la democracia venezolana que desde Betancourt la sostuvo y la impuso en América. Sin legitimidad no hay reconocimiento internacional, más necesario que nunca antes porque vamos a enfrentar a Cuba, el comunismo, el terrorismo islámico, guerrillas, bandas paramilitares y delincuencia organizada incluido el narcotráfico.  A diferencia de 2002 tenemos el problema resuelto porque Guaidó está reconocido desde ahora como el PRESIDENTE LEGÍTIMO y, como tal, debería presidir el Gobierno de Transición. Porque la rebelión sería contra Maduro el usurpador y no contra Guaidó el legítimo. Resultaría absurdo derrocar a los dos para poner a un tercero sin legitimidad alguna.

Lamento que algunos queridos amigos disientan de mi parecer. Me dolería que, llegado el momento, por culpa del aventurerismo tenga que repetir: “48 horas, no más.”

Jesús Antonio Petit Da Costa


GOBIERNO DE TRANSICIÓN 6          30-04-20



martes, 28 de abril de 2020

UNA TRANSICIÓN DE MANO DURA USANDO CONTRA ELLOS EL MISMO GARROTE


Antes de comenzar, advierto que este artículo como los anteriores y siguientes recogen mis reflexiones y consejos anticipados a los que serán actores de la nueva etapa política.

Ya sabemos que, no habiendo aceptado Maduro la oferta de Estados Unidos de un Gobierno bipartito de Emergencia Nacional como salida pacífica, la transición a la democracia llegará forzosamente por una de estas dos vías:

1.- Rebelión de los mandos militares medios, adelantándose a una intervención militar extranjera, visto que nada se gana con prolongar esta agonía hasta lo inevitable; ó

2.-Intervención militar por una coalición internacional encabezada por Estados Unidos, ahora inevitable por el desafío de entregarle la industria petrolera venezolana a Irán y el terrorismo islámico, agravado por haber nombrado para esta tarea al primer acusado de narcoterrorismo por la justicia de aquel país.

Las dos vías serán violentas. No podrán ser de otra manera. Como consecuencia la transición tendrá que ser una etapa de gobierno de mano dura, de limpieza y depuración de las instituciones y de la sociedad. Sólo así se podrá liberar a Venezuela de Cuba, del comunismo, del terrorismo islámico, de las bandas paramilitares y de delincuentes comunes (pranes) y sobre todo de los carteles del narcotráfico, para poder echar las bases de una democracia moderna, honesta y duradera. Tarea muy diferente a las anteriores transiciones de una tiranía militar clásica a la democracia, sin mayores traumas.

Tendrá que ser, pues, una transición autoritaria de mano dura para imponer la ley y el orden, acabando con el bandolerismo del crimen organizado, por lo cual debemos mantener durante la misma a la Constitución vigente de 1999 porque, como lo enseña la experiencia, las cosas se desmontan del mismo modo que se montaron. Y en verdad no hay peor cuña que la del mismo palo. Con la misma Constitución que acabaron con la democracia acabemos con la narcotiranía comunista que sirve de títere de Cuba, en alianza con el terrorismo islámico. Démosles con el mismo garrote con que nos han dado durante 21 años.

Cumplida la tarea, no antes, procederá aprobar una nueva Constitución, la que regirá a la democracia venezolana del Estado de Bienestar correspondiente a la sociedad del conocimiento.

A cómo organizar el gobierno de mano dura para esta transición me referiré en el siguiente artículo. Y en el mismo responderé a los que seguramente están diciendo: Guaidó no es el hombre para esta tarea. Advierto una vez más que no soy su amigo, ni siquiera lo conozco personalmente. Sólo que como nací en el campo aprendí que el buey ara según la yunta que se le ponga. Y en política yunta significa junta.

Jesús Antonio Petit Da Costa


GOBIERNO DE TRANSICIÓN 5        27-04-20 


lunes, 27 de abril de 2020

EL PAÑUELO EN LA NARIZ



Comenzaré por recordarle a los que justificadamente están contra la idea de que Guaidó sea el Presidente del Gobierno de Transición una frase pronunciada por Rómulo Betancourt en 1936. Muerto Gómez, le sucedió constitucionalmente el General López Contreras, un gomecista fiel. Había acompañado al tirano durante los 27 años de la tiranía. La juventud universitaria se resistía a aceptarlo. Pero siendo como eran el único movimiento político organizado no tenían fuerza para impedirlo. Entonces Betancourt dijo: “Lo aceptaremos con un pañuelo en la nariz.” 35 años después Betancourt celebró la incorporación de López al Senado como Senador Vitalicio en reconocimiento a que intentó la transición a la democracia.

Guaidó tiene ahora igual que López entonces: la legitimidad constitucional para ejercer la presidencia del Gobierno de Transición, puesto que ya es el PRESIDENTE LEGÍTIMO juramentado como Encargado y como tal reconocido por la OEA, la UE y 60 países. Entonces no hay nada que discutir al respecto. Es verdad que Guaidó igual que López tiene un pasado que genera el rechazo de muchos. Durante su interinato se ha plegado a los colaboracionistas de la MUD-G4. Pero Guaidó igual que López podría alegar en su descargo que era la única manera de sobrevivir políticamente, porque ellos controlan la AN. Sin partido, porque el suyo tiene jefe (el de López era Gómez, el de Guaidó es otro López), sin liderazgo propio, puesto allí por una jugada del destino (para López la muerte de Gómez, para Guaidó la usurpación de Maduro y la rotación en la presidencia de la AN) debe sentirse nadando un mar proceloso careciendo de la veteranía de un político fogueado. La vida y la historia me enseñan que todavía no conocemos al Guaidó con poder propio. Como nadie supo quién era realmente López hasta que mandó a matar a Eustoquio Gómez y se liberó del gomecismo duro. En la transición sabremos quién es el verdadero Guaidó. Pero para asegurarnos que no sea igual o peor que el actual hay un remedio: forzarlo a un gobierno colegiado con los jefes de la rebelión cívico-militar. Contamos con dos aliados: Estados Unidos y la Unión Europea que se han manifestado en este sentido, que el Gobierno de Transición por ahora llamado de Emergencia Nacional debe ser colegiado. Y lo ha propuesto el mismo Guaidó llamándolo Consejo de Estado, denominación constitucionalmente impropia.

Si Guaidó forma Gobierno de Transición con los radicales jefes de la insurrección, terminará como López recibiendo los honores. Pero si forma Gobierno de Transición con los mismos mercaderes de la política que son los de la MUD-G4 no nos pondremos pañuelo en la nariz para derrocarlo. Toda la ofensiva de calle que no recibe hoy porque no tiene poder, la recibirá total y frontalmente. Y su paso por la política será una página de la historia que esta generación y la siguiente leerán con un pañuelo en la nariz.

Jesús Antonio Petit Da Costa


GOBIERNO DE TRANSICIÓN 4          27-04-20

INSISTO SOBRE LA PRESIDENCIA DEL PRÓXIMO GOBIERNO DE TRANSICIÓN



 La destitución del general Quevedo en PDVSA y el nombramiento de Ministro de Petróleo de Tareck El Aissami, requerido por  Estados Unidos como narcoterrorista vinculado a Hezbollah, coincidiendo este nombramiento con la entrega del Complejo Refinador de Paraguaná a Irán, son indicios de que nos acercamos a un desenlace por una de estas vías: 1) Rebelión de los mandos medios militares con posible reclutamiento de mandos superiores, visto que han perdido el manejo directo del negocio petrolero; ó, 2) Intervención militar de una coalición internacional de Estados Unidos en respuesta al desafío de entregar el petróleo venezolano a Irán y al terrorismo islámico.

Estos acontecimientos dan mayor vigencia a mi consejo de que nos preparemos para la transición. La experiencia de 2002 nos obliga a tener claras las ideas de lo que debe hacerse para el éxito. Y lo primero saber cómo estructurar el gobierno de transición. Es obvio que en cualquiera de las dos vías:

1.- El Presidente de la República y, por tanto, presidente del gobierno de transición, debe ser un civil por dos razones: a) los militares están impedidos por la Constitución para ejercer el cargo; y, b) si lo asume un militar será considerado un golpe militar por la comunidad internacional.

2.- Ya hay un civil juramentado y reconocido por la OEA, la UE y 60 países como Presidente de la República. Es el ciudadano Juan Guaidó. Poner a otro es, primero, perder un tiempo precioso solicitando el reconocimiento internacional y, segundo, exponernos al fracaso y todo se venga abajo si no se consigue.

Con Guaidó tenemos la ventaja de que se trata de instalar al PRESIDENTE LEGÍTIMO en su cargo, lo cual hace del acto de fuerza (sea rebelión militar o intervención extranjera) en CONTRAGOLPE CONSTITUCIONAL fundamentado en el Art. 333 de la Constitución.

Advierto que no soy amigo de Guaidó. Ni siquiera lo conozco personalmente, de trato y comunicación. Aún más, considero que no lo ha hecho bien hasta ahora. Pero no podemos cambiar de caballo a mitad del río. Consejo sencillo que me dieron en mi pueblo cuando muchacho. Apartemos la pasión y pensemos con mente fría.

Este artículo y los siguientes sobre el Gobierno de Transición es una invitación a reflexionar y tener las ideas claras para que no se repitan los sucesos de 2002, único caso en la historia nacional de que una rebelión cívico-militar que ha tomado el poder lo pierde. A ninguna de las anteriores le sucedió y a la que viene no debe sucederle.

Jesús Antonio Petit Da Costa


GOBIERNO DE TRANSICIÓN 2A       27-04-20